jueves, 18 de junio de 2009

¿Nuevos vicios?

Llega un momento de la vida en el que quieres tomar una botella, no importa el contenido o la marca, siempre y cuando sea etílico de buen nivel y tirando a escocés y vivir la sensación de que nada existe, de que todo es un sueño borroso que alguna vez fue, pero que, presa del infortunio, ya no es ni será.
Lo malo es que, en casa no puedes hacerlo, no puedes volarte de tus compromisos laborales y no tienes (que es lo peor) con quien hacerlo.
Para mí, es un karma el hecho de siempre haber sido un sobrio, (a pesar de que mis amigos peruanos me consideren un borracho) siempre haber estado alejado del licor por considerar que el beodo está más cerca de la animalidad que de la condición de "sapiens". ¿Por qué? Sinceramente, porque todas las personas que conozco, de mi edad, han tenido infinidad de borracheras y siguen siendo racionales y no se van al lado animal, y yo, pues no tengo con quien beberme unos tragos: Mis vales del alma están todos afuera (@ friends + wil + diana + rube) o los que están acá ya no beben solteros... so, ¿qué hacer?
Pues... el licor no siempre ha sido el mejor refugio. Por ahora, me tomaré una o dos cervecitas para ver cómo evoluciona el asunto, y si las cosas salen bien, dejo el carro en la casa (NO al licor + gas) y pues me emborracho y punto.
De hecho, estoy pensando seriamente que hay otras formas de exorcisar demonios, matar maluqueras, get the rid of amores y no es precisamente a través del excelso líquido, sino de una mezcla afortunada del mismo, con otras actividades como la escritura, la lectura, buenos amigos y mucha contemplación de las situaciones.
Si, suena un poco ñoño (significado colombiano-aieseco, NO panameño -CAS), pero creo que es más apropiado que terminar tirado vomitando en León de Baviera sin motivo (tipo A y D en la bienvenida 2009 de L) o aferrado al lavamanos de la casa de tu novia o bailando con palmeras como le sucedió a un ilustre ex-vp Tm de @ CG... xD
Si, definitivamente creo que, aunque sería brutal una nueva borrachera (estilo Mexico o Perú) no es mi momento de vida como para sucumbir ante los designios del Juan El Caminante.

¿O ustedes piensan lo contrario? ¿Ahogar las penas en el licor?


martes, 9 de junio de 2009

De viejos vicios y otros amigos

Una situación totalmente inesperada que me acaba de suceder, ha puesto en perspectiva las soluciones que tiene un hombre cuando tiene problemas del corazón: o puede sucumbir a sus impulsos y tirarse del techito una y otra vez, o puede simplemente, recurrir al poder de la lectura como reparador y distensionador de emociones.

He escogido esta última solución, puesto que soy un tipo que se precia de ser intelectual y de darle un toque racional a sus emociones.

Lastimosamente, por esos azares del destino, estuve bastante perdido de mis amigos íntimos durante mucho, mucho rato. No me refiero a personas en específico. Hablo específicamente de los libros. Tengo más de dos años, en los que el óxido del olvido ha carcomido los cimientos de mi cabeza Claro, de mis otros amigos íntimos, también ando perdido (wilmer, fay, diani y otros).

No es fácil, para un preciado de intelectual abandonar por tanto rato la literatura. Me viene a colación una imagen: Una noche en casa de mi buen amigo de Ronald Silva en Santa Marta... yo me había ido a dormir cansado, mientras él, se afanaba en comenzar (como a eso de las once de la noche) la lectura de un clásico filosófico cuyo título se me escapa en este momento, pero que realmente me impactó. No por el libro en sí, sino porque estaba acompañado de otros cuatro textos que mi buen amigo estaba leyendo y se disponía a leer en esa cálida noche samaria. A todas estas le pregunté: Mi vale.. ¿y a qué hora lees? Él me dijo: Desde ahora, como hasta las tres de la mañana. Yo dije: No jo da! ¿y lo haces todos los días? y como si fuera la cosa más natural del mundo me dijo: Sí.

Desde ese día me di cuenta de mi carácter pseudointelectual, porque para serlo en realidad, toca tener disciplina y el coraje de sacrificar ingentes horas de sueño por estar en compañía de uno mismo, leyendo y aprendiendo constantemente y a la larga, terminar siendo un poco más sabio.

Ahora, frente a esta situación que la vida convoca ante mí, (o más bien, que yo mismo provoqué) creo que encontrarme con el viejo vicio de la lectura y conectarme con mis amigos los libros, es una solución salomónica, todo con el fin de no herir a nadie y pues seguir creciendo y desarrollando aún más un poco de conocimiento libre, y de paso, si tengo suerte, ser un poco más sabio.
Creo que el ejercicio de continuar leyendo antes que sucumbir ante otras pasiones que desgastan, es una oportunidad para soñar y seguir en el camino, sin desfallecer.
Algunos dirán que es meter la cabeza como el avestruz y aislarse de la realidad. Coincido con ellos. Pero, ¿Y quién está dispuesto a acompañarme en mi dolor?