Cogiendo gusto…
Parece que fue ayer que me despedí con gran algarabía en mi corazón de mi querida Cartagena y de la familia. Recuerdo ir muy emocionado en el avión, pensando en las múltiples oportunidades que estaba dejando atrás: un trabajo estable, unas cuantas pero solucionables deudas, amor y mucho más, por un futuro que estaba en mi mente, pero cuya ejecución es a un ritmo que no es ni remotamente al esperado en esos momentos en que las azafatas daban las indicaciones a los pasajeros de cómo actuar en caso de emergencia.
Desde ese día ha pasado un mes que se ha ido volando. Han sido múltiples las experiencias y los descubrimientos. La cosa no ha sido color de rosa, pero tampoco ha sido color de hormiga. Yo le daría un término verde al color de la vida en estas primeras lunas acá en tierras de la nueva Roma.
Digo verde porque es como un limón: Es sabroso, pero hay veces que el ácido provoca efectos secundarios en nuestro organismo, como la profunda salivación y las contracciones musculares en nuestra cara y la erizada de piel cuando se toma puro. Pero, cuando es disuelto en agua y con azúcar y un poquito de hielo, se convierte en limonada. Eso es lo que estoy aprendiendo acá. Me han caído algunos limones: No he comenzado a trabajar, la conferencia es en dos meses, no tengo suficiente plata para pagar algunas de mis deudas, pero estoy aprendiendo a hacer limonada; ¿cómo? Me inscribí en unos cursos de inglés gratuitos para extranjeros, ya tengo listo el afiche para mis tutorías y ¡mis tías me están ayudando a componer el ático!
Espero que esa limonada me quede sabrosa. ¿Ustedes que creen?