Ayer fue un dia emocionalmente complejo para mí. Era mi primera votación en muchos años y tenía la ansiedad propia de los primerizos; algunos de los resultados electorales en el departamento y la ciudad favorecen lo nuestro; otros, hell no.
Sin embargo, lo que más me causó impresión fue ver cómo muchos de mis contactos de FB salieron a despotricar en contra de la elección de Campo Elías y a decir una serie de epítetos a veces hasta incoherentes respecto al que será el Alcalde Mayor de la Heroica durante los próximos cuatro años.
Sospecho que la intolerancia respecto a su gestión será uno de los ingredientes principales en el imaginario colectivo en los próximos meses y años: No bien ha llegado el tipo y ya "nos espera un negro futuro", "se acabó la ciudad" y "dejaremos de ser ciudadanos. ¿Cuántos de los que hacen este tipo de comentarios construyen ciudad en su día a día? ¿Cuántos salieron a votar masivamente? Ahora muchos se rasgan las vestiduras porque quedó un Comunicador Social y Administrador en salud. ¿Es que, la capacidad viene acompañada de un cartón o de una voluntad férrea de hacer las cosas bien? ¿Si los Honorables padres de la patria en su gran mayoría están más preparados que un Kumis y no hacen sino robar?
¿Cómo pudo suceder?
Preguntémonos cuántos de nuestros contactos en el FB sobreviven con menos de un dolar al día. No seamos tan extremos: ¿cuántos de ellos sobreviven con menos de 4 dólares al día? Ahora, de esos contactos, ¿cuántos viven en Cartagena? Mis sospechas se inclinan decididamente a que ninguno. Porque una cosa es la Cartagena que menciona Carlos Gustavo Mendez en su columna semanal y otra es la que se desbordó a votar por Campo Elías.
Esa ciudad que NO queremos ver. Esa ciudad champe, negra, torpe y hedionda (palabras de mi buen maestro, Ricardo Chica Gelis) que es un 70% de la población. Sucede que esa ciudad sobrevive con menos de 4 dólares al día: No me lo invento yo, son estadísticas del DANE, no mías y las pueden encontrar en cualquier cuaderno actualizado de coyuntura económica de la CCC.
Entonces, ¿qué pasó? Volvamos un poco atrás la rueda del tiempo: Hace cuatro años, la gente se le volteó a Juan Carlos Gossaín en la recta final: Perdió con la Mariamulata. La gente en ese entonces le apostó al discurso del cambio y a cobrarle sus arrogancias al que hoy es el Gobernador (e) del departamento de Bolívar (irónico, ¿no?). Ahora, la gente le acaba de apostar a uno de sus iguales: negro, levantado y champe, como ellos. Porque no fueron 10 mil, o 20 mil votos; fueron 158 mil. Le sacó tres veces el puntaje a su directa competidora.
De nada valió el discurso inclusivo de Dionisio, o la apuesta social de Maria del Socorro. En palabras de mucha gente del común: Ahora que robe uno de los nuestros. OJO: aclaro, NO QUIERO que el man robe. NI LO ESPERO. sólo que es el discurso que le he escuchado a muchos taxistas con los que converso a menudo.
Campo supo vender la imagen que construyó a lo largo de años y años solucionando problemas en el Noticiero: ayudando a las personas con sus pequeños problemas del día a día, a que les pusieran la luz, a poner un "tatequieto" a Electrocosta, "aguas de Cartagena", etc. porque a la gente del común no le interesan las políticas macroeconómicas o que tenga un PhD, mientras no se le solucione el problema del agua, la luz o en el mejor de los casos, el del mercado. ¡Por eso ganó!
Para finalizar, quiero retomar mis palabras: Sólo porque haya ganado Campo, los ciudadanos no dejamos de serlo: es más, ahora, más que nunca, nuestra ciudad nos necesita. El nuevo alcalde recibe un desastre: Transcaribe no está listo. la malla vial es un caos. Hay inundaciones por todos lados, la inseguridad, galopante. Ante este verdaderamente oscuro panorama, sólo queda encomendarse a nuestra divinidad preferida (por aquello de la libertad de cultos proclamada en la Constitución Nacional) para que Campo Elías cumpla: los cinco billones de pesos que está por aprobar el Concejo para el próximo cuatrenio sean para componer aunque sea un poco la cosa y no para despilfarrarlas en mandarinas.