He hecho referencia muchas veces a este texto. De hecho, me encanta la placa que hay en la séptima en Bogotá, en el que hay un fragmento del mismo. Hoy lo comparto con ustedes, porque siento que no hay ideales políticos en este momento, sino falsas banderas. ¿Cuál es el caudal por el que va nuestro pensamiento político? ¿A qué orillas queremos llegar? ¿Por qué alguien tendría la necesidad de hacer política?
Estas y otras preguntas me surgen cada vez que escucho a las personas hablar de corporados (Concejo, Senado, Asambleas). Leer este texto, me da cierto norte. Espero que a ustedes también.
El destino providencial del hombre - J.E.G
Yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión, la determinación y el pensamiento del alma colectiva.
No creo que exista ni en el pretérito ni en el presente un hombre capaz de actuar sobre las masas como el cincel del artista que confiere caracteres de perennidad a la materia inerte. El dirigente de los grandes movimientos populares es aquel que posee una sensibilidad, una capacidad plástica para captar y resumir en un momento dado el impulso que labora en el agitado subfondo del alma colectiva; aquel que se convierte en antena hasta donde ascienden a buscar expresión, para luego volver metodizadas al seno de donde han salido, las demandas de lo moral, de lo justo, de lo bello, en el legítimo empeño humano de avanzar hacia mejores destinos.
Si tenemos en cuenta las circunstancias en que este movimiento ha podido lograr tan caudaloso impulso, podemos comprobar cuál es su armonía, con el querer de la realidad nacional.
No se ha logrado al amparo de una mecánica política que viola acomodaticiamente y en acuerdo con sus intereses los estutos del partido, al cual pertenecen estas masas entusiasmadas; ni halagando en cada municipio y en cada aldea la aspiración personal de los caciques que se constituyen en comités o en directorios; ni falsificando registros electorales; ni gozando del apoyo financiero de especuladores que llegan a la política sin la sagrada ambición de salvar principios, sino con la codicia de realizar inversiones provechosas; ni al amparo de convenciones y directivas que falsean la opinión popular; ni con el patrocinio de la prensa opulenta sino más bien luchando contra su engaño o contra su silencio; ni con las influencias oficiales que directa o indirectamente coaccionan el espíritu de los ciudadanos en municipios y departamentos.
No ha contado este movimiento con nada de este artificio que constituye y sostiene el país político. Lejos de ello, marcha contra la existencia y el aprovechamiento de esos recursos para adulterar la verdad democrática y buscar restaurar los principios y los fundamentos de esa verdad, sometidos a la alquimia de la simulación.
En frente de este movimiento cuya realización representa el clímax de un largo proceso, algunos podrán preguntarse cuál es la causa que lo ha producido y cómo se ha verificado el hecho insólito de que los poseedores de todas las preeminencias y de todos los privilegios se encuentren solitarios, en tanto que aquellos a quienes se suponía solitarios se hallen en tan poderosa campaña.
Y no podrán, ni ellos ni quienes traten de encontrar una explicación eventual, hallar otra distinta a la de que él interpreta el angustioso anhelo de mirar hacia el porvenir, con el pensamiento y la acción que agitan a la mayoría absoluta de los hombres que hemos tenido la fortuna de nacer en esta patria grande, noble e ideal.
Tomado de:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/politica/liberal/cap12.htm