viernes, 26 de diciembre de 2014

Odiosas comparaciones

Desde pequeño, siempre he escuchado la frase: "Las comparaciones son odiosas" y no sé por qué. Imagino que debe ser porque cuando se comparan dos cosas y/o situaciones, indudablemente habrán resultados frustrantes para alguno de los analizados.

Ahora bien, los ejercicios comparativos permiten identificar falencias, oportunidades de mejora y en algunos casos, encontrar razones de marcadas diferencias.

En estos días tuve la oportunidad de realizar un artículo sobre el desempeño fiscal de Cartagena y Barranquillla en perspectiva comparada, para el periodo 2002 - 2011 de estas ciudades hermanas.

Pues bien, los resultados (conocidos por muchos de los lectores) no dejan bien ubicada a la ciudad. 

Si se analiza el avance en materia de infraestructura y garantía de los derechos fundamentales de Barranquilla en los últimos años y se compara con los resultados de Cartagena, la diferencia es, aparte de abrumadora, triste. No porque la "arenosa" cuente con más recursos, sino porque, con lo que le ha ingresado, los barranquilleros han sido significativamente mucho más organizados y juiciosos.

Entonces, ¿Qué pasa en Cartagena? ¿Por qué no despegamos como ciudad? Una mirada inicial de los ciudadanos podría enfocarse a mirar con qué contamos (en materia presupuestal) y para qué usamos eso con lo que contamos.

Reiteradamente la clase política de la ciudad nos ha hecho creer que el principal obstáculo para acometer obras de infraestructura de calidad es la falta de presupuesto, cuando la realidad es que los dineros han estado ahí, lo que finalmente ha sucedido es que la administración de los mismos no ha sido "eficiente", en el mejor de los casos.

Sin embargo, los gobiernos locales mienten descaradamente a los ciudadanos y cada vez que hay un nuevo periodo ejecutivo, salen a decir: hay que "organizar la casa" y "revisar las finanzas", para luego anunciar: "hay que apretarse el cinturón", porque no hay muchos recursos para invertir.

Y sobreviene lo de siempre: cortan gasto en salud, recortan programas sociales, disminuyen el apoyo al deporte y así, es como salen a decir con bombos y platillos, "ahora sí - (inserte la propaganda pagada con nuestros impuestos)".

Sin embargo, las cuotas burocráticas (OPS) no disminuyen sino que aumentan, los proyectos fútiles están a la orden del día y las adiciones presupuestales a proyectos de por sí con sobrecostos son la norma general.

En contraste, una persona que haya ido a Barranquilla en los últimos quince años observará lo positiva de su transformación: una ciudad menos excluyente, con una administración mucho más eficiente de sus recursos y con una infraestructura pensada para el largo plazo y con una visión de recuperar el liderazgo perdido.

¿Qué como lo se? Primero, que como dice el Padre Rafael Castillo: Las estadísticas cancelan las opiniones y las cifras de crecimiento económico (pero sobre todo social), así lo confirman.

Segundo, que el análisis comparativo del desempeño fiscal de ambas ciudades da cuenta de que en "la puerta de oro" están pensando en el bienestar colectivo y no en mega-complejos para universidades privadas.

Para finalizar, si alguno de ustedes quiere leer el documento sobre el cual me baso para realizar esta pequeña entrada, lo puede descargar aquí.

Saludos y felices fiestas.