Triste es la vida de un hombre pobre
que vive como un marginal
se acaba la vida todo es un misterio
y no encuentras cómo acabar
The three kings, en la canción Billy
Al mejor estilo de Rubén Blades en Pedro Navaja, un grupo de tres jóvenes cartageneros, llamado The Three Kings, realiza una magistral composición acerca de la vida criminal en la ciudad.
La pregunta salta a la vista: ¿Cómo salir adelante sin recurrir a la violencia? En una ciudad donde la violencia se legitima en el poder corrupto de nuestros gobernantes, donde la agenda de la ciudadanía no existe, y mucho menos la de los medios, ¿Cómo hacer para construir ciudadanía?
Hacia este punto nos quiere llevar el padre Rafael Castillo en su escrito “Hacia una propuesta responsable por la ciudad de Cartagena”, el cual intentaremos relacionar con la angustia de estos jóvenes de the three kings, para ver, si desde la academia, y desde la visión del padre, se pueden indicar algunas luces para poder transitar ese camino incierto que tiene Cartagena por delante.
Comenzaremos por indicar que, una posible salida es mirar a ver cómo se puede lograr que el cartagenero se convierta en un ciudadano, y deje de ser un mero habitante, o vecino de la ciudad.
Pero, la construcción de una ciudadanía es una cuestión sumamente dificil, que implica un dialogo de saberes explorado en conjunto con todos los actores de la esfera pública, tal cual como lo han expresado autores de la talla de Mirales Castellanos, Habermas, Arendt, entre otros brillantes pensadores del concepto de ciudadanía.
Se puede definir ciudadanía como aquel “Comportamiento propio de un buen ciudadano”[1], pero, ¿Qué es un ciudadano?, según
Menuda definición. Por momentos se podría pensar que ese sujeto consciente no existe en Cartagena, observando las estadísticas que nos muestra el padre Rafa en su abrumador artículo.
Sobre la construcción de ese ciudadano inexistente versará la parte final de este corto escrito. Y lo haré basándome en el Artículo de Ana María Mirales Castellanos en la revista foro, cuyo título es ¿Qué es el periodismo cívico? Y tratando de acotar algunos apuntes del texto de la arquidiócesis.
La construcción del ciudadano ejemplar requiere de varias condiciones esenciales, entre las cuales se puede destacar, el respeto a la vida como punto fundamental, pero este respeto implica un reconocimiento de la dignidad del ser humano por parte de los demás, es decir, el reconocimiento de la alteridad, el reconocimiento de la necesidad ajena, el sentir como propios, los problemas de ese 73% de cartageneros que vive en condiciones de pobreza, como muestran las estadísticas que cancelan las opiniones, del padre Rafa.
Otra condición esencial es invertir en el capital humano de la ciudad, porque, de qué sirve tener lindas playas, un sistema de transporte masivo último modelo, unos centroamericanos que no impulsarán el desarrollo colectivo sino la riqueza de unos cuantos, hospital de lujo, ¿si la gente tiene hambre y se muere día a día en condiciones infra humanas? ¿si el 63% de los cartageneros sobrevive con menos de un dólar (US) al día[3]?. ¿De qué sirve?
De nada. Pero la solución no es quedarse sentados a esperar que del gobierno central nos caigan las migajas que deja la corrupción y las sobras que quedan del banquete que nuestra clase dirigente hace con los recursos del país.
La solución, desde la óptica de los medios, desde el quehacer comunicativo, es la construcción de ciudadanía, apoyados en el concepto del periodismo cívico, cuya tarea fundamental puede resumirse en la construcción de ciudadanía[4].
Pero, ¿qué es ese periodismo cívico del que tanto se habla?, ¿Cúal es esa tarea de la construcción de ciudadanía? El periodismo cívico considera la deliberación, la búsqueda colectiva de consensos y el aprovechamiento democrático de los disensos como parte central del trabajo del periodista[5].
Esta tarea de construir un ciudadano no es fácil en democracias maduras como las europeas, inclusive en la estadounidense, es complejo. Ahora imagine amigo lector la menuda tarea que es construir un ciudadano en las condiciones aberrantes de un país como Colombia, donde el poder detentado tiene una base pretoriana; ahora visualice este imaginario en Cartagena. Más complicado, ¿No?
Empoderar las comunidades, construir un concepto de lo público que se acompañe con una agenda de las prioridades de la ciudad desde los medios, es un camino. Ahora bien, si eso le resulta sinuoso, esta opción es más sencilla: Educación. La verdad os hará libres, dijo algún famoso pensador, yo lo llevo a la expresión “la educación os hará libres” y esta educación no es tan dificil, simplemente es entender el imaginario de la ciudad, aprovechar los espacios, integrar nuestros vehiculos de expresión y desarrollar en nuestros niños el amor por la ciudad y sus problemas. No es la panacea, pero es una salida.
[1] Biblioteca de consulta Microsoft Encarta 2004. Microsoft Corporation.
[2] Ibíd.
[3] El conflicto, Callejón con salida, Informe Nacional de Desarrollo Humano, Colombia – 2003. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
[4] Mirales Castellanos, Ana María, en la revista Foro, articulo titulado “¿Qué es el periodismo cívico?
[5] Ibíd.