lunes, 1 de marzo de 2010

Orgullo y prejuicio

Anoche tuve la fantástica oportunidad de ver una excelente película en casa, gracias a la televisión por cable: Orgullo y prejuicio, basada en la novela de Jane Austen, del mismo nombre. Aunque el libro es más intenso y delirante, el filme respeta los diálogos y hace sentir al espectador (en mi caso fue así) que le trabajaron al guión y estructuraron las líneas para que fueran impactantes sin tanta rimbombancia.

Mi pretensión en este maravilloso lunes no es hacer una oda a la película sino abordar la temática esencial de la misma: cómo superar nuestros orgullos y prejuicios cuando está de por medio el amor.

Para comenzar, me remitiré a la sinopsis de la historia, trayéndola de la wikipedia:
"Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy personifican a toda una pareja moderna. Los prejuicios de ella y el orgullo de él serán los puntos claves para que la relación se fructifique o por el contrario, se frague. A lo largo de la película, los dos cometeran errores. Estos repercutirán en el ánimo de ella y en el comportamiento de él."

¿Suena familiar para algunos? Quizá deba referirme específicamente a lo que significa un prejuicio (traído de la RAE en su segunda acepción): "Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal". Simple y contundente, como la vida real.
En ocasiones, nos dejamos llevar por lo que alguien nos dijo o lo que medio escuchamos o lo que nuestro corazón quiso ver y lo juntamos con el miedo; de ese cocktail lo único que sale es
amargura y desolación.

Las personas que son prejuiciosas lastiman profundamente porque se forman opiniones "a priori", porque les da miedo buscar la bondad de los demás, porque temen perder la cordura que da el vacío del alma. ¿El remedio? Ver como nos lo pediría El Principito: Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos. Bajo esta premisa, la invitación es tratar de descubrir la bondad en las otras personas, aunque esté bajo capas y capas de arrogancia y/o prepotencia.

De hecho, el otro mal que aborda brillantemente la obra en mención es el orgullo, que según la RAE no es más que "Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas" y que muchas personas confunden con autoestima y dignidad.
El orgullo es un mal consejero, porque no nos deja situarnos en los zapatos del otro. Algo que aprendí en AIESEC es que una de las características de un agente de cambio es la "capacidad para mirarse en la realidad del otro", porque en repetidas ocasiones sólo miramos desde nuestro egoísmo y confusión, que puedo sufrir, salir lastimado o lo que es peor, que la gente hable de mí.
Es ahí en donde nos dejamos llevar del orgullo y no de la humildad, que no es más que "ver a través del otro y entender su realidad".

Si miramos la película desde una óptica crítica, la interpelación que nos plantea es la de seguir en el camino del crecimiento y la madurez, del razonamiento frente a las situaciones en las que no hay suficientes evidencias y de tener paciencia cuando aparentemente, todo está perdido.

Sin duda, es una película para verla y meditar qué tan preparados estamos para dejar a un lado el orgullo y el prejuicio en nuestras vidas.

¡Feliz día!



1 comentario:

Chary Wilches dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.