A ciertas edades, caerse no es como antes. Ayer viernes 6, jugaba libremente con mis estudiantes un "piquecito" "tocadito" o partido del popular "golito" en la pequeña cancha múltiple de la institución donde laboro. Minutos antes, había estado dialogando con una de las misses, sobre uno de sus estudiantes que a mi forma de ver es un guerrero: es un chico de 2 grado elemental que juega siempre con los de 4to a una imitación de fútbol con botellitas plásticas a falta de una pelota real ( no se les permite hacerlo en descanso, sólo en Ed. Física), que se cae, lo golpean, lo tumban y él está ahí, parado en primera línea siempre, cayendo, levantándose, sin miedo a nada.
En parte, eso fue lo que me llevó a jugar con mis estudiantes, a pesar que mi estado físico no es el mejor. Sin embargo, en una entrada muy fuerte de uno de ellos, me resbalé, y para que no le cayeran encima a él mismo 160 libras de peso, me apoyé demasiado en una de las piernas y voilá, aquí estoy en casa, sin poder caminar bien por tres días, según el doctor.
He aprovechado la oportunidad de descansar para reconectarme un poquitín con la lectura por vicio, un toque de Facebook y por supuesto, unos cuantos trinos, que estoy en mora de actualizar mucho más.
Sin embargo, la razón principal de este post es reflexionar sobre la realidad de nuestros cuerpos y mentes. Cuando estamos más pequeños o de menor edad (hay unos pequeños muy viejos, y unos grandotes menorsísimos) no hay miedo a nada, practicamos deportes, jugamos con nuestros amigos, nos divertimos de lo lindo y aunque el colegio sea tedioso en algunas oportunidades, no perdemos pista para volar libremente y con energías increíbles. Ya en la vida adulta, nos asaltan millones de dudas, temores y prejuicios... y por eso, cuando intentamos hacerlo, a veces sufrimos accidentes, porque nuestro cuerpo, o nuestra mente, están oxidados por el desuso y por supuesto, recienten la actividad física o mental.
Hoy estoy lesionado físicamente por falta de uso del cuerpo, pero como he mantenido la mente activa, se ha convertido en una oportunidad para aceitar aún más la máquina mental. Espero tener suficiente tres en uno para que mi pierna me permita continuar con naturalidad.
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