Hace poco, en una velada en casa de Carlos Miranda, hablábamos de todo un poco y en un momento dado, surgió el tema de los programas de televisión de nuestra infancia y las actividades que realizábamos a diario en aquel entonces.
Surgieron múltiples comentarios y anécdotas y cada quien expresó alguna forma de inquietud respecto a la niñez de nuestros chiquillos de hoy en día. No quiero ser malinterpretado... la intención no es pontificar sobre si está mal o bien que los niños hagan las mismas locuras que nosotros hacíamos, sino que ahora es muy diferente el asunto... y eso que no han pasado más de 20 años desde aquellas épocas. (si, no soy un culicagado)
Curiosamente, en un mundo que habla de las libertades e individualidades, precisamente sucede todo lo contrario: La tecnología nos ha ido aglutinando, masificando, homogeneizando lenta e inexorablemente. Algunos autores se rasgan las vestiduras y filosofan sobre los apocalípticos e integrados. A mi, particularmente me divierte y me hace sentir muy, pero muy feliz de haber tenido mi infancia en la época en que la tuve.
Son varias razones para llegar a esta conclusión:
1. No crecí en años de guerras mundiales, donde los niños fueron de la población más perjudicada por estos conflictos.
2. Crecí en una época que si bien ya existían unos asomos de tecnológia, todavía no era la nota imperante.
¿Alguna vez han hecho el ejercicio de pensar si ustedes hubiesen nacido en la Edad Media?
Entonces, confieso que fue muy divertido jugar bolita uñita, trompo, bañarse en pozas, saltar belillo, jugar a la peregrina (rayuela en otros lugares), elevar cometas y otras actividades físicas que me hacían llegar a la casa a dormir de una (por eso estaba tan flaco).
Sin embargo, también jugué Atari (5600), Nintendo (NES, SNES, 64), Sega (génesis), jugué en Videoplay (lugar para videojuegos), tuve maquinitas (predecesores del DS y gameboy) y aquí estoy también.
A lo que quiero llegar es que, el hecho de que en algunas de las infancias de muchas personas, el uso de aparatos tecnológicos hubiese estado restringido por situaciones ya fueran económicas o de disponibilidad en su país de origen, no quiere decir que todo esté perdido frente a esta nueva generación que Lopez muy bien llama la Z.
Creo importante entonces, descubrir escenarios equilibrados para el disfrute de la infancia de nuestros pelaos: que jueguen en la calle y se embarren hasta el cogote, pero que también disfruten su época tecnológica con los mayores adelantos posibles.
De hecho, muchos de esos que hoy colocan las cadenas (nostálgicas en su gran mayoría) son los primeros en comprarles a los hijos el WII que nunca tuvo, el aire acondicionado en el cuarto deseo, etc... a lo que yo me pregunto... ¿Qué piensan ustedes?