martes, 10 de abril de 2012

¡Indignaos! - ¿en Cartagena?

La puesta en marcha de un local (de forma temporal) de la marca Juan Valdez en la Plaza de la Paz del centro de Cartagena, suscitó entre varios ciudadanos una polémica a favor y en contra de la iniciativa.
En medio del debate, surgen interrogantes para el trasfondo: ¿Por qué protestar por un café y no por otras situaciones más peliagudas de la vida de la ciudad? Otra podría ser: ¿Qué es lo que les duele a los ciudadanos? ¿Por qué sólo participamos 50 personas de la protesta pacífica?
Como diría el cantor: "una golondrina no hace verano". Mi hermano mayor me ha dicho siempre: "En Cartagena la gente no protesta, no está bien visto". Creo que en los prejuicios sociales, raciales y culturales está la respuesta a nuestra poca indignación ante los sucesos que van haciendo desaparecer lenta y progresivamente los atisbos de una ciudad emergente, para convertirla en un pueblo decadente y premoderno.
Como lo he manifestado en otras ocasiones, aquí seguimos dormidos cuando se trata de nuestros derechos y garantías fundamentales: Transcaribe, servicios,  mototaxismo, taxistas insufribles, inseguridad, etc, etc, etc. Leyendo el texto de Hessel, uno podría decir que Cartagena es una ciudad que es estóica por conveniencia. Que resiste por comodidad. Pero, ¿quién hace la ciudad sino sus habitantes? entonces somos nosotros los cómodos. los que no queremos salir de nuestra plácida zona de confort. ¿Ir yo a protestar? para qué, si igual siempre hacen lo que se les da la gana.
Es ahí cuando perdemos la batalla inexorablemente. No creo en los desmanes ni en la violencia, pero si en la fuerza de la protesta pacífica. 
Sinceramente no sé por donde podría comenzar o por qué específicamente la gente debería protestar en Cartagena. Pero yo diría que un buen comienzo sería hacer unas campañas en las que se seleccionen los cinco problemas principales de la ciudad y tanto el Concejo como la alcaldía tomen atenta nota y se den un plazo máximo para solucionar, digamos, en un año. Y esto sirva de control político a los gobernantes. Creo que es utópico. pero, ¿quién soy yo para negarme a soñar con que podemos construir ciudad?

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