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martes, 1 de marzo de 2016

¿Resistir?

Casi más de un año sin escribir. Quizá el ritmo frenético de la vida en el segundo semestre de 2015 o la desidia de sentarse frente al computador, pensando que "resistirse es fútil".

La alienación es casi esencial en la "política de las masas": No puedes estar en desacuerdo, porque cuestionas. No puedes dar más del 100% porque entonces sobresales y eres peligroso. No puedes dar menos del 20% porque entonces no sirves al sistema y eres prescindible. En términos generales, debes estar en el promedio. En la zona ·chill· como bien aprende a las malas Albert Brennaman de su mentor Hitch. La idea es estar en donde pases desapercibido, donde no seas tu, no pienses y sobre todo, no cuestiones.

Así siento que la ·aplanadora· legislativa, mediática, política y judicial viene haciendo (inclusive antes de Uribe y Santos) con nosotros los colombianos. 

Duele el descaro de empresas como Electricaribe, que ofensivamente tiene un comercial en el que "invita a prevenir el robo de cables y energía, porque estos afectan a la sociedad". ¿No sería mejor cableados subterráneos, bombillas led, inversiones en seguridad de las redes (no es contratar un "sereno de la noche"), en vez de culpar a los pobladores por su mal servicio? Ahora a esto lo llaman RSE: inventarse estrategias para, con los dineros de los contribuyentes (la exención no es más que eso a la larga) solucionar problemáticas de imagen que tienen cientos de empresas con la comunidad y de paso ahorrarse la platica que tienen que pagar en impuestos. Es una manera bonita de decirnos: seguiremos haciendo lo que queramos con ustedes, y como hicimos un parque, tienen que querernos.

Sin embargo, duele más ver cómo el gobierno nacional se empeña en gastarse el dinero de los colombianos en campañas y promociones de sus temas ·prioritarios/vitales/necesarios para el buen funcionamiento del país· (esto último por favor léase con modo sarcasmo encendido) mientras lo esencial, que es la gente y sus afanes diarios, quedan por fuera de la agenda gubernamental.

Por ejemplo: la paz. ¿qué es la paz? Bien lo dicen Menchú y BK Shailú: "la paz no es la ausencia de la guerra".  No sé a ciencia cierta qué es la paz, pero me pregunto: ¿la paz debe entenderse como un medio para un fin, o un fin para un medio? ¿o es a la vez un fin y un medio?
Esta pregunta la traigo a colación, porque con tantos problemas que tiene el campesinado colombiano (presiones armadas, delincuencia, no tenencia de la tierra, falta de oportunidades comerciales, etc y más) ¿por qué insistir en la firma de un acuerdo de "no balas" y presentarlo como la panacea? es aquí donde se encuentra el argumento de lograr la paz para conseguir la prosperidad (fin como medio). Pero se deja de lado el tema de la justicia, la reparación y la reivindicación a las víctimas, que es un caldo de cultivo en donde germinará, temprano o tarde, la semilla de una nueva rebelión.
Impulsar la tenencia de la tierra, la creación de empleos y mejorar las condiciones generales del campesinado (con reforma agraria pendiente - diversificación del agro - apoyo al emprendimiento, etc y más) es un vehículo que recorre de forma más expedita el camino hacia la paz (no como estado de no violencia) sino como un escenario para la la generación de capacidades (Senn). Creo que este sería un medio para lograr un fin.

Sin embargo, a los que piensan de esta última manera se les juzga como enemigos de la paz. ¿Por qué esa dicotomía entre ·enemigos y amigos del proceso·? ¿Cuál es la reticencia a entender las verdaderas necesidades de la gente pero si hay naturalidad para acoger las ·demandas· de un grupo terrorista? Una utopía sería atender ambas demandas. Pero eso no da votos. ¿Solucionar problemas? para qué, si la "esperanza" de solución es lo que lleva a las urnas. ¿Cambiar paradigmas? para qué, si se pierde el statu quo

Como ven, he llegado al punto de lo que quiero expresar: Cuando alguien está en una situación de ·poder· intenta alienar (al mejor estilo borg) a todos: seguidores y no seguidores. amigos y enemigos. aliados y detractores, para que sus acciones "pasen a la historia". Lo que aún no sabemos es si pasarán a la historia por positivas o negativas. Recordemos que en su momento el esclavismo fue legal, así como el apartheid, la mita, la encomienda y resto de instituciones destinadas a perpetuar las inequidades.

Para cerrar, creo que nos debemos, como colombianos, momentos a solas. Como el apagón es inevitable, en esas noches de larga oscuridad, meditemos sobre varios aspectos en aras de recuperar nuestra capacidad de resiliencia:
1. ¿Es este el país que queremos para nuestros hijos? Si no es así, ¿qué acciones en el marco de lo electoral haremos para sentar nuestra voz de protesta?
2. Observemos la realidad con sentido crítico. Aparte de sufrir por James y el RM, o el color de la tanga de Kardashian (cuando se pone), podrían incluirse en nuestra lista de temas interés nacional y debate algunos como las ZRC (¿será un instrumento para generación de empleo y riqueza en pueblos, o concentración de intereses privados en torno a un actor armado?), o lo oneroso que resulta para el presupuesto nacional las imprevisiones de los gobernantes? No solo lo oneroso sino los años de atraso que, sumados a la corrupción, hacen que el país no avance?

Creo que la resistencia, como parte esencial de la capacidad de adaptación (en su versión ulterior) también se da en no tragar entero, en criticar sin miedo a ser condenado, en debatir (¿Por qué no?) sin llegar a ofendernos porque el otro no comparte. Pero debatir y actuar, porque luego de ver los ejemplos de Jesús, Lincoln, Gandhi, Mandela, Luther King a uno le queda más que claro, que resistirse, no es fútil.

domingo, 19 de abril de 2015

El tiempo detenido. Con signos de interrogación.

Los actos de barbarie de las FARC contra 11 soldados colombianos, avivaron (una vez más) la llama de la polarización en el país: Surgen, como en el pasado, los defensores a ultranza del plomo y la bala, y por el otro, los amigos del proceso de paz con estos grupos. Creo que esto no es nada bueno. No hay matices, solo blanco o negro.

Mientras seguimos en discursos de orillas contrarias (sin una visión conjunta de país), el tiempo, ese implacable recolector de tragedias humanas, continua su paso y ya alcanzamos más de 60 años sin llegar a ponernos de acuerdo en el color del trapo que llevaremos con honor (hoy son unas manillitas muy bonitas rojas, azules, verdes o amarillas según el partido de procedencia) y nuestros hijos, padres, amigos y no tan amigos, mueren producto de un conflicto que engorda las arcas de los señores de la guerra, sean del bando que sean.

Por eso, me parece más que pertinente traer, a manera de reflexión, otro aparte del discurso - programa que pronunciara Jorge Eliécer Gaitán hace 70 años en su aspiración presidencial:

La corrupción electorera
Una propaganda aviesa ha reemplazado el convencimiento y convertido en capitanes de revolución a satisfechos gozadores de la cosa pública y en agentes reaccionarios a los hombres de avanzada. El respeto a la Constitución y a la ley está suplantado por la habilidad para los pretextos tendientes a justificar su violación. De este caos surgen militares que olvidan nuestra incancelable devoción por las normas de la vida civil y pretenden hacernos retroceder a tiempos primitivos con mengua de nuestras costumbres cívicas, y quienes aplican sanciones con desprecio de normas constitucionales y legales de universal acatamiento en el mundo civilizado. La obra y la realización son sustituidas por el fatigante método de las promesas. La mayoría ciudadana está ausente del deber de intervenir en las elecciones, mientras en algunos lugares los políticos intentan la corrupción por medio de la compra del voto, y en otros establecen el imperio de los mismos vicios de fraude de ayer y anteayer. Se habla espectacularmente de la defensa de los hogares obreros y de la clase media, al mismo tiempo que las entidades públicas desarrollan la más escandalosa labor de propaganda alcohólica y de estímulo al juego. Los funcionarios se ufanan de su creciente triunfo en el comercio de tósigos embriagantes que la raza paga al precio de su degeneración. En fin, es innecesario continuar enumerando lo que todos sabemos y todos confesamos, con la diferencia de que unos lo decimos en público y otros practican la táctica de callarlo, pues juzgan más importante la conservación de sus privilegios, que reposan sobre la santidad de la mecánica política.*
Parecería que el país vive un ciclo recurrente: los problemas vuelven a ser los mismos, las soluciones parecidas y el entorno se vuelve a repetir con distintos actores. ¿Cómo romper esos círculos? Cómo convertirlos en virtuosos? 

No digo que todos deberíamos tener el mismo trapo. Jamás. Lo que creo es que debemos saber primero, qué trapo llevamos. segundo, por qué lo llevamos y tercero, para qué. En este trayecto, llevar una postura no implica censurar la otra, condenarla; al contrario, la fuerza de las razones debería ser obligante, no el imperio de la fuerza o la autoridad. 

De seguir por el camino de la indiferencia, en el que me acojo al trapo del momento y no actúo por convicciones propias que busquen el bienestar común, nuestra nación no tendrá una verdadera oportunidad de progresar y nuestros descendientes sufrirán nuestra ceguera irracional hasta que algunos logren abrir los ojos y ver juntos hacia el futuro.

*Aparte recuperado de http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/politica/liberal/cap12.htm 

martes, 12 de agosto de 2014

Tres canciones que no pierden vigencia

A lo largo del camino, uno escucha canciones que pronto se convierten en parte de la cultura popular. Hoy quiero compartir con ustedes tres temas relacionados con la situación actual latinoamericana, a pesar de haber sido escritos hace más de 20 años, en dos de los tres casos. ¿qué ha pasado en nuestra región que los problemas en vez de resolverse, se incrementan? 

El Niágara en bicicleta

Publicada en 1999, esta canción es un retrato perfecto de las situaciones que padecemos en Colombia, Argentina, Bolivia o México. A mi me encanta, pero a la vez me pone triste escucharla. Tiene una magia que lo hace a uno entender que una de nuestras mayores fortalezas como latinos, es reírnos de los problemas o seguir con alegría en la vida, a pesar de los mismos.

Adán García 

¿Cuántas familias en América Latina viven este tipo de situaciones? ¿Cuántos esfuerzos se hacen para la superación de la pobreza y seguimos en las mismas? Esta América Latina que tanto nos duele y que no nos convoca...

El padre Antonio y su Monaguillo Andrés

Publicada en 1984, la traigo a colación a propósito del "Proceso de Paz" que estamos llevando ahora mismo en Colombia... ¿Cuántas campanas siguen sonando? ¿Cuántas campanas en nuestra hermana Venezuela? La música, como siempre, nos permite hermanarnos en los dolores y alegrías. 

Un abrazo sincero para todos, y hasta pronto.