Bitácora de lo que uno descubre cuando ya ha vivido lo suficiente como para hacerse nuevas preguntas.
jueves, 6 de mayo de 2010
Algunos pensamientos sobre política nacional
miércoles, 5 de mayo de 2010
¡Debería estar pagando por esto!
Bob Hope, actor estadounidense, solía decir frecuentemente que “la persona que no tiene un corazón caritativo padece el peor de los males cardiacos”. Coincido profundamente con el famoso cómico estadounidense. En mi opinión, las personas que no dan de sí mismos a los demás y a la vida, no disfrutan de la bondad de Dios.
Hoy escribo esta entrada porque alguien me preguntó hace unos pocos días el por qué estoy haciendo voluntariado, si ni siquiera tengo trabajo en este momento; a lo que yo respondí con cierto dejo de orgullo: ¡es que es gratis!
La persona, asombrada, me dijo que a los voluntarios les deberían pagar. Para mí, este pensamiento es escandaloso. Al contrario, yo debería estar pagando por participar en un programa de voluntariado.
Las razones son múltiples:
Uno, la posibilidad de aprender nuevas experiencias, ver la vida con esperanza y darte cuenta que tus problemas son nimios frente al hecho de que hubieses venido al mundo con discapacidades permanentes, no tiene precio.
Dos, los chicos, chicas y personas en general que tienen este tipo de dolencias, son seres humanos maravillosos, que generalmente regalan sonrisas por doquier y son unos maestros innatos: están enseñándote constantemente a través de sus actos, el valor de apreciar la vida sin mayores complicaciones.
Tres, en realidad cuando participas en un tipo de programas como voluntario, es más lo que recibes que lo que das. Inclusive cuando tienes gran esfuerzo físico, porque el aprendizaje es, en términos generales, impresionante.
Estas razones me llevan a afirmar casi categóricamente que ser voluntario, es un regalo hacia ti y no lo contrario. Es una oportunidad de ampliar tus horizontes y darte cuenta con simples cosas, lo afortunado de tu existencia.
Aunque para todo lo demás existe MC, yo creería que los de VISA entienden el mensaje a la perfección: la vida es ahora, que es básicamente el motto de las personas con discapacidades permanentes y creo yo, el que deberíamos llevar a nuestro diario vivir.
¡Gracias!
viernes, 9 de abril de 2010
Cogiendo gusto...
Cogiendo gusto…
Parece que fue ayer que me despedí con gran algarabía en mi corazón de mi querida Cartagena y de la familia. Recuerdo ir muy emocionado en el avión, pensando en las múltiples oportunidades que estaba dejando atrás: un trabajo estable, unas cuantas pero solucionables deudas, amor y mucho más, por un futuro que estaba en mi mente, pero cuya ejecución es a un ritmo que no es ni remotamente al esperado en esos momentos en que las azafatas daban las indicaciones a los pasajeros de cómo actuar en caso de emergencia.
Desde ese día ha pasado un mes que se ha ido volando. Han sido múltiples las experiencias y los descubrimientos. La cosa no ha sido color de rosa, pero tampoco ha sido color de hormiga. Yo le daría un término verde al color de la vida en estas primeras lunas acá en tierras de la nueva Roma.
Digo verde porque es como un limón: Es sabroso, pero hay veces que el ácido provoca efectos secundarios en nuestro organismo, como la profunda salivación y las contracciones musculares en nuestra cara y la erizada de piel cuando se toma puro. Pero, cuando es disuelto en agua y con azúcar y un poquito de hielo, se convierte en limonada. Eso es lo que estoy aprendiendo acá. Me han caído algunos limones: No he comenzado a trabajar, la conferencia es en dos meses, no tengo suficiente plata para pagar algunas de mis deudas, pero estoy aprendiendo a hacer limonada; ¿cómo? Me inscribí en unos cursos de inglés gratuitos para extranjeros, ya tengo listo el afiche para mis tutorías y ¡mis tías me están ayudando a componer el ático!
Espero que esa limonada me quede sabrosa. ¿Ustedes que creen?martes, 6 de abril de 2010
En la oscuridad...
martes, 23 de marzo de 2010
St Joseph's day - Conociendo tradiciones
jueves, 18 de marzo de 2010
Impresiones de una nueva semana en la gran Manzana
lunes, 1 de marzo de 2010
Orgullo y prejuicio
Mi pretensión en este maravilloso lunes no es hacer una oda a la película sino abordar la temática esencial de la misma: cómo superar nuestros orgullos y prejuicios cuando está de por medio el amor.
Para comenzar, me remitiré a la sinopsis de la historia, trayéndola de la wikipedia:
"Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy personifican a toda una pareja moderna. Los prejuicios de ella y el orgullo de él serán los puntos claves para que la relación se fructifique o por el contrario, se frague. A lo largo de la película, los dos cometeran errores. Estos repercutirán en el ánimo de ella y en el comportamiento de él."
¿Suena familiar para algunos? Quizá deba referirme específicamente a lo que significa un prejuicio (traído de la RAE en su segunda acepción): "Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal". Simple y contundente, como la vida real.
En ocasiones, nos dejamos llevar por lo que alguien nos dijo o lo que medio escuchamos o lo que nuestro corazón quiso ver y lo juntamos con el miedo; de ese cocktail lo único que sale es amargura y desolación.
Las personas que son prejuiciosas lastiman profundamente porque se forman opiniones "a priori", porque les da miedo buscar la bondad de los demás, porque temen perder la cordura que da el vacío del alma. ¿El remedio? Ver como nos lo pediría El Principito: Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos. Bajo esta premisa, la invitación es tratar de descubrir la bondad en las otras personas, aunque esté bajo capas y capas de arrogancia y/o prepotencia.
De hecho, el otro mal que aborda brillantemente la obra en mención es el orgullo, que según la RAE no es más que "Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas" y que muchas personas confunden con autoestima y dignidad.
El orgullo es un mal consejero, porque no nos deja situarnos en los zapatos del otro. Algo que aprendí en AIESEC es que una de las características de un agente de cambio es la "capacidad para mirarse en la realidad del otro", porque en repetidas ocasiones sólo miramos desde nuestro egoísmo y confusión, que puedo sufrir, salir lastimado o lo que es peor, que la gente hable de mí.
Es ahí en donde nos dejamos llevar del orgullo y no de la humildad, que no es más que "ver a través del otro y entender su realidad".
Si miramos la película desde una óptica crítica, la interpelación que nos plantea es la de seguir en el camino del crecimiento y la madurez, del razonamiento frente a las situaciones en las que no hay suficientes evidencias y de tener paciencia cuando aparentemente, todo está perdido.
Sin duda, es una película para verla y meditar qué tan preparados estamos para dejar a un lado el orgullo y el prejuicio en nuestras vidas.