El cuarto capítulo de la segunda temporada de Los Simpsons lleva por título "Dos autos en cada garaje, tres ojos en cada pez" y fue emitido el primero de noviembre de 1990. Hace 26 años. No resulta sorprendente su dosis de actualidad y el fino sarcasmo con el que toca un tema tan complejo como el de los medios, su influencia en la política y de la mano, la manipulación de masas.
Sinopsis vía Thesimpsonsrp.com
Después de que Bart atrapa un pez de tres ojos en un río cercano a la planta nuclear de Springfield, esta es inspeccionada y son descubiertas 342 violaciones, cuyo arreglo costaría 56 millones de dólares.
Para evitar que cierren la planta, el Sr. Burns se postula como gobernador. Luego de una dura campaña en la que Burns pasa de ser despreciado a competir cabeza a cabeza con su contrincante, Mary Bailey, sus asesores deciden que Burns cene con un empleado la noche anterior a las elecciones. Homer es elegido, para desagrado de Marge. Ésta le sirve el pescado de tres ojos a Burns en la cena, quien no puede comerlo y, como resultado, pierde las elecciones.
Análisis del capítulo vía Nathan Rabin en AVClub
Traducción vía Pablo Senior.
Análisis del capítulo vía Nathan Rabin en AVClub
Traducción vía Pablo Senior.
En su segunda temporada, Los Simpsons evolucionan desde una relativamente modesta comedia sobre una familia de clase trabajadora hacia una sátira social que abarca todo lo del mundo que les rodea. "Dos autos en cada garaje, tres ojos en cada pez" representa un hito en esta evolución. Se convirtió en el episodio más ambicioso de la serie hasta ese momento.
"Dos autos en cada garaje y tres ojos en cada pez" no sólo es sensación cinematográfica. Se siente como una película muy ambiciosa que combina Ciudadano Kane, Preston Sturges y las clásicas fábulas morales de Frank Capra, que hablan de la decencia común, el orgullo cívico del hombre común que triunfa sobre la corrupción espiritual y el ansia de poder de la decadente clase dominante.
El episodio logra condensar una historia que fácilmente podría desarrollarse en más de dos horas en la pantalla grande, (de ser posible con la cinematografía de foco profundo de un Gregg Toland joven) en veintidós minutos de televisión trascendente. El ambiente retro excéntrico se establece a partir de la primera escena: un cuadro idílico de Bart y Lisa pescando en una tarde agradable.
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Su pacífica ensoñación es interrumpida por un reportero estilo 1930 (sin lugar a dudas), de ese tipo que escupe frases inteligentes de una sola línea a ritmo de ametralladora y siempre está persiguiendo historias que implican grandes capos, peces gordos y damas de vértigo. El reportero se topa con la primicia de su vida al descubrir un pez de tres ojos que el mundo más tarde llegaría a conocer como Blinky.
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Para disgusto del señor Burns, Blinky es visto como una prueba sensible de los crímenes de su planta de energía contra el medio ambiente en general y de la humanidad en su conjunto. Los inspectores nucleares del gobierno visitan la planta y están comprensiblemente horrorizados con lo que ven y recomiendan al Señor Burns, que gaste decenas de millones de dólares para que la planta cumpla con la normativa legal.
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Se ve a un Sr. Burns en su momento más vulnerable y su más invulnerable hoy. El señor Burns es reflejado con el carácter del protagónico de Ciudadano Kane - una figura siniestra cuya soledad existencial es transmitida visualmente al colocarlo en escenarios gigantes para empequeñecerlo, sobre todo el contraste con el gigante hinchable de su horrible rostro, escena del episodio que representa el más abierto homenaje a la iconografía clásica de Orson Welles.
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Sin embargo, también se ve a un señor Burns descompuesto y llorando en la oscuridad, por los resultados de la inspección en la planta. En un raro y emotivo momento de conexión emocional entre Homero y el Sr Burns, Homer deja sin saberlo, a su jefe en un estado de caída libre y configura la trama al expresar distraídamente que si él fuera el gobernador, haría lo que quisiera (en referencia a no tener que costear los arreglos de la planta).
Un revitalizado Señor Burns decide abusar de su riqueza y privilegios corriendo para gobernador, en una tenaz plataforma a favor de Monty Burns. Pero, primero necesitaría superar la "ligera desventaja" de que todo el mundo lo odia. "Dos autos en cada garaje y en tres ojos en cada pez" es increíblemente cínico acerca de la hipocresía y el cálculo cínico con el que se dedica a tratar de hacer pasar un oligarca siniestro como un filántropo cívico.
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Como parte de la campaña, el Señor Burns está llamado a parecer no sólo humano, sino un ser con clase, decente y compasivo, del tipo que en realidad podría sonreír y abrazar a un bebé en lugar de retroceder horrorizado. Los intentos del señor Burns para llegar a la chusma siempre terminan oliendo a venenosa condescendencia.
El señor Burns claramente no considera a los no millonarios como pertenecientes a su especie y se ve obligado por las circunstancias a llevar una ridícula máscara que se preocupa profundamente por sus pensamientos y sentimientos. Sin embargo, no puede ocultar siquiera el increíble desprecio que siente hacia todo aquel que no sea él mismo.
La campaña para gobernador ofrece a la serie la oportunidad de profundizar en la historia política, real o imaginaria, cinematográficamente y de otras formas. La digna oponente femenina de Burns, guarda una semejanza con Helen Douglas, (quien puso el sobrenombre Tricky Dicky a Richard Nixon) famosamente calumniada por "ser rosa hasta en la ropa interior" (un sentimiento que traiciona sin intención, al poner en evidencia que Nixon había pasado tiempo pensando en la ropa interior de su oponente), mientras que en la escena en la que se dirige al público americano con una espeluznante falso-tono paternal frente a Blinky, se percibe inspirado en el famoso discurso "Checkers" de Nixon.
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| Tomado de Wikipedia |
En efecto, si el señor Burns encarna la maldad del rico decadente, entonces Marge y Lisa representan el escepticismo por principio de las personas comunes y apasionadas. Lisa está horrorizada por Burns y su campaña de solo maldad ( vaya a saber uno hasta qué punto) al ser forzada a preguntar al señor Burns ("Su campaña parece tener un momemtum, como un tren sin freno. ¿Por qué es tan popular?"), pero es Marge la que termina dejando a la merced de la verdad al poder cuando se toma el comentario "inocente" de Homero acerca de cómo ella se puede expresar a través de la casa que mantiene y la comida que sirve, literalmente.
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En una demoledora respuesta, Marge asegura a Homero: "Cuando los más grandes sueños de un hombre incluyen repetir el postre, acurrucarse ocasionalmente y dormir hasta el mediodía los domingos, ningún hombre puede destruirlos". En ese momento, la lente viaja de los macro a lo micro con elegancia, de lo vasto y político a lo modesto y más profundo del corazón. El episodio pinta valientemente en un gran lienzo sin perder su toque de retorcida humanidad en su núcleo.
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Conclusiones
Este es uno de los capítulos icónicos de la segunda temporada; al igual que "La sociedad de los golfistas muertos" y "la guerra de los Simpsons", es rico en detalles que posteriormente se volvieron de culto, como la oración de Bart en la mesa:
"Querido Dios, nosotros pagamos por todo esto, así que gracias por nada".
"Dos autos en cada garaje, tres ojos en cada pez" es en sí mismo es una gruesa crítica al sistema económico estadounidense. El título es una parodia del eslogan de campaña de H. Hoover en las elecciones presidenciales de 1928, con el cual fue electo: "Dos autos en cada garaje y un pollo en cada cazuela" y que apela definitivamente a la creencia de que, entre más consumo y bienes materiales tengan los ciudadanos, el progreso se hará evidente; dejando por fuera temas tan importantes como los derechos humanos, un sistema de valores que se encuentra invertido, etc.
"Dos autos en cada garaje, tres ojos en cada pez" tiene vigencia en la sociedad actual, en la que los políticos y medios manipulan descaradamente, en la que los candidatos suben como la espuma por sus mentiras hacia sus contendores, o por propuestas de corte populista, que terminan en grandes decepciones para el electorado.
Las similitudes del capítulo con el actual vivir de Estados Unidos (con dos candidatos y una polarización evidente) son casi sorprendentes, con el agravante de que todo parece indicar que en la vida real si ganará Mr. Drumpf.
Ni qué decir de la realidad colombiana y los políticos que venden la dependencia de los commodities como si esto no empobreciera al largo plazo y silencian los escándalos y despropósitos a punta de fútbol y guerra contra el narcotráfico.
Otras referencias:
La canción que canta el señor Burns en su noche solitaria, tiene por nombre Brother, can you spare a dime? (hermano, ¿puedes darme una moneda de diez centavos?) fue uno de los temas más conocidos en Estados Unidos durante la Gran Depresión. Esta maravillosa canción fue compuesta en 1931 por Jay Gorney, con letra de de E. Y. Yip Harburg, para el musical de Broadway New Americana. Está basada en una canción de cuna que Gorney ─en realidad Abraham Jacob Gornetzsky, nacido en 1894 en Bialystock (actual Polonia, entonces Rusia), de donde huyó tras el pogromo de 1906─ escuchaba cuando era niño. (ver más)
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