Casi más de un año sin escribir. Quizá el ritmo frenético de la vida en el segundo semestre de 2015 o la desidia de sentarse frente al computador, pensando que "resistirse es fútil".
La alienación es casi esencial en la "política de las masas": No puedes estar en desacuerdo, porque cuestionas. No puedes dar más del 100% porque entonces sobresales y eres peligroso. No puedes dar menos del 20% porque entonces no sirves al sistema y eres prescindible. En términos generales, debes estar en el promedio. En la zona ·chill· como bien aprende a las malas Albert Brennaman de su mentor Hitch. La idea es estar en donde pases desapercibido, donde no seas tu, no pienses y sobre todo, no cuestiones.
Así siento que la ·aplanadora· legislativa, mediática, política y judicial viene haciendo (inclusive antes de Uribe y Santos) con nosotros los colombianos.
Duele el descaro de empresas como Electricaribe, que ofensivamente tiene un comercial en el que "invita a prevenir el robo de cables y energía, porque estos afectan a la sociedad". ¿No sería mejor cableados subterráneos, bombillas led, inversiones en seguridad de las redes (no es contratar un "sereno de la noche"), en vez de culpar a los pobladores por su mal servicio? Ahora a esto lo llaman RSE: inventarse estrategias para, con los dineros de los contribuyentes (la exención no es más que eso a la larga) solucionar problemáticas de imagen que tienen cientos de empresas con la comunidad y de paso ahorrarse la platica que tienen que pagar en impuestos. Es una manera bonita de decirnos: seguiremos haciendo lo que queramos con ustedes, y como hicimos un parque, tienen que querernos.
Sin embargo, duele más ver cómo el gobierno nacional se empeña en gastarse el dinero de los colombianos en campañas y promociones de sus temas ·prioritarios/vitales/necesarios para el buen funcionamiento del país· (esto último por favor léase con modo sarcasmo encendido) mientras lo esencial, que es la gente y sus afanes diarios, quedan por fuera de la agenda gubernamental.
Por ejemplo: la paz. ¿qué es la paz? Bien lo dicen Menchú y BK Shailú: "la paz no es la ausencia de la guerra". No sé a ciencia cierta qué es la paz, pero me pregunto: ¿la paz debe entenderse como un medio para un fin, o un fin para un medio? ¿o es a la vez un fin y un medio?
Esta pregunta la traigo a colación, porque con tantos problemas que tiene el campesinado colombiano (presiones armadas, delincuencia, no tenencia de la tierra, falta de oportunidades comerciales, etc y más) ¿por qué insistir en la firma de un acuerdo de "no balas" y presentarlo como la panacea? es aquí donde se encuentra el argumento de lograr la paz para conseguir la prosperidad (fin como medio). Pero se deja de lado el tema de la justicia, la reparación y la reivindicación a las víctimas, que es un caldo de cultivo en donde germinará, temprano o tarde, la semilla de una nueva rebelión.
Impulsar la tenencia de la tierra, la creación de empleos y mejorar las condiciones generales del campesinado (con reforma agraria pendiente - diversificación del agro - apoyo al emprendimiento, etc y más) es un vehículo que recorre de forma más expedita el camino hacia la paz (no como estado de no violencia) sino como un escenario para la la generación de capacidades (Senn). Creo que este sería un medio para lograr un fin.
Sin embargo, a los que piensan de esta última manera se les juzga como enemigos de la paz. ¿Por qué esa dicotomía entre ·enemigos y amigos del proceso·? ¿Cuál es la reticencia a entender las verdaderas necesidades de la gente pero si hay naturalidad para acoger las ·demandas· de un grupo terrorista? Una utopía sería atender ambas demandas. Pero eso no da votos. ¿Solucionar problemas? para qué, si la "esperanza" de solución es lo que lleva a las urnas. ¿Cambiar paradigmas? para qué, si se pierde el statu quo.
Como ven, he llegado al punto de lo que quiero expresar: Cuando alguien está en una situación de ·poder· intenta alienar (al mejor estilo borg) a todos: seguidores y no seguidores. amigos y enemigos. aliados y detractores, para que sus acciones "pasen a la historia". Lo que aún no sabemos es si pasarán a la historia por positivas o negativas. Recordemos que en su momento el esclavismo fue legal, así como el apartheid, la mita, la encomienda y resto de instituciones destinadas a perpetuar las inequidades.
Para cerrar, creo que nos debemos, como colombianos, momentos a solas. Como el apagón es inevitable, en esas noches de larga oscuridad, meditemos sobre varios aspectos en aras de recuperar nuestra capacidad de resiliencia:
1. ¿Es este el país que queremos para nuestros hijos? Si no es así, ¿qué acciones en el marco de lo electoral haremos para sentar nuestra voz de protesta?
2. Observemos la realidad con sentido crítico. Aparte de sufrir por James y el RM, o el color de la tanga de Kardashian (cuando se pone), podrían incluirse en nuestra lista de temas interés nacional y debate algunos como las ZRC (¿será un instrumento para generación de empleo y riqueza en pueblos, o concentración de intereses privados en torno a un actor armado?), o lo oneroso que resulta para el presupuesto nacional las imprevisiones de los gobernantes? No solo lo oneroso sino los años de atraso que, sumados a la corrupción, hacen que el país no avance?
Creo que la resistencia, como parte esencial de la capacidad de adaptación (en su versión ulterior) también se da en no tragar entero, en criticar sin miedo a ser condenado, en debatir (¿Por qué no?) sin llegar a ofendernos porque el otro no comparte. Pero debatir y actuar, porque luego de ver los ejemplos de Jesús, Lincoln, Gandhi, Mandela, Luther King a uno le queda más que claro, que resistirse, no es fútil.
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