martes, 16 de noviembre de 2010

De Willie Colón y otros monstruos


Anoche estaba viendo el reinado de belleza en RCN. Algo inusual en mí, pero como estoy enfermo, también es válido asomarse por un rato a la farsa nacional que prioriza lo superficial sobre lo esencial, lo real sobre lo artificial.
No se embolaten, como decimos en la costa; no soy ningún resentido ni nada por el estilo. De hecho, estuve en la apertura del reinado llevando a mi sobrino a que fuera edecán de las reinas en el desfile para la sociedad portuaria. 
Sucede que no creo que sea un evento que deba priorizarse en la agenda noticiosa descuidando la información sobre otras noticias más que pertinentes a la realidad del país, tales como la estación (ya debe llamarse así) lluviosa que atravesamos y las consecuencias que esto ha traído para casi dos millones de colombianos en toda la nación.
Realmente mi intención no es escribir sobre el reinado ni la realidad del país. Mi entrada tiene que ver directamente con el genio, talento, llámenlo como quieran, del gran Willie Colón (fue uno de los cantantes de la noche de coronación) y lo inmortales que son algunas de sus canciones y del por qué son maravillosas, desde mi humilde perspectiva.
Si, ya sé que fue un desperdicio de casi media página haber hablado de la dicotomía existente en la TV y las prioridades de la agenda mediática, pero qué le vamos a hacer, aquí en Colombia vivimos desperdiciando nuestro tiempo, hablando de huevonadas. 
Antes de perder el hilo nuevamente, me quiero referir a la estructura narrativa de algunas canciones del maestro Willie. Tomemos como ejemplo la canción Idilio, y veremos una carta de amor hecha canción (como regularmente pasa con muchos éxitos):


Solo me alienta el deseo divino de hacerte mía
Más me destruye la incertidumbre que estoy pasando
Es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría
Y se me agota ya la paciencia por ti esperando.

Esta primera estrofa es de una perfección asombrosa: el tipo le dice: ey! Me tienes esperando aquí, sin más, me estoy volviendo viejo, ¿y tú como si nada? Sin embargo, en la parte siguiente, vuelve la esperanza profunda:


Que a besos yo te levante al rayar el día
Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche

Y cuando venga la aurora llena de goce

Se junten en una sola tu alma y la mía.


Wooow! ¿Quién necesita el porno? El tipo la tiene clara: desde la mañana hasta el amanecer y continúa la jornada, amándola. Pero en realidad, está en su mente, porque el tipo vuelve y le dice:
Soñando, contigo, queriendo, que se cumpla nuestro idilio

A veces me voy a un rincón y me quedo en el vacío

Sufriendo por ti amor mío te llama mi corazón

Soñando, contigo, queriendo, que se cumpla nuestro idilio


Para mí, es la carta de amor del que no espera nada, pero sueña con todo. Desde la estructura lírica, es un clásico. A eso le sumamos, nada más y nada menos que una cadencia musical impresionante, un ritmo desarrollado para que no despegarse, para ser escuchada como una historia de amor, ¡como si fuera la nuestra!
Sin embargo, debo admitir que lo que estoy escribiendo, quizá algún otro lo vio antes que yo o lo describe con mayor maestría. Lo que honestamente quiero es compartir con ustedes algo que me maravilla profundamente y que en estos días me ha tenido muy extasiado.
¡Gracias por compartir conmigo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen escrito, buena canción. Y bien que expliques un poco las estrofas. Menos mal que la canción salió cuando ya estaba en mis 20s. Si hubiera salido cuando era adolescente medio retardado no la hubiera entendido, jeje. Porque como tu dices, es una carta de amor hecha cancion. Y para mi es una poesia o un poema de amor hecho cancion.

David Senior

Roberto E. Martínez Fernández dijo...

Buen post pablo.
Yo tambien quede asombrado con la hermosura y encanto oculto de cada canción que cantó!.
Estoy bajando algunas :P