domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Has vivido en otra ciudad?

En una conversación sostenida esta mañana con una colombiana que se encuentra viviendo en Sao Paulo, recordé algo que aprendí en mis primeros tiempos de viajero, cuando a la sazón vivía en la bella Cochabamba, al centro de Bolivia.
El recuerdo llegó fulminante, y tenía que ver directamente con saber cuál era la diferencia de haber visitado o vivido en un país o ciudad diferente a la de tu nacimiento. Algunos dirán inmediatamente: el tiempo que hayas estado, otros dirán que el tipo de actividades que hayas desarrollado; y aunque no hay una respuesta definitiva, he aquí algunos detalles. Yo les llamaría: has vivido en una ciudad cuando:
  • Fuiste a un supermercado y las compras eran para quince días o más e incluían artículos como arroz, una escoba, café o artículos para lavar el baño.
  • Fuiste a cine.
  • Fuiste a una iglesia a escuchar misa (en el caso de los católicos) o participaste en el culto. eso, no a ver lo bonita de la estructura de la catedral.
  • Fuiste a un mercado popular a averiguar las verduras más baratas y el pescado más fresco y regresaste a casa apestoso, pero feliz.
  • Tomas taxis y sabes cómo ubicarte en más de cinco barrios.
  • No necesitas tomar la ruta del metro/transportemasivo que para en todas las estaciones para llegar al lugar deseado.
  • Sabes cuanto vale una bolsa de leche, una caja de condones y una barra de mantequilla.
  • Cambias dinero en cualquier lugar que no es el centro de la ciudad o el aeropuerto.
  • Sabes donde comprar un par de zapatos en rebajas que no son outlets de grandes empresas.
  • Conoces los almorzaderos de la gente común y sabes donde venden los mejores platos de la ciudad al menor precio y lo mejor de todo, fuiste más de dos o tres veces!
Sinceramente, habrán muchas otras cosas que detallar, pero estas son las que yo encuentro. Espero que algunos encuentren otras y nos las hagan saber, para enriquecer nuestro acerbo viajero y sigamos aprendiendo, que de eso es lo que se trata. 

Abashos! (como me dice mi sobrinita)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Primeras impresiones sobre HP7


Anoche tuve la felicidad de ver en estreno (lastimosamente en español) la penúltima entrega de la serie Harry Potter, basada en la primera parte del séptimo libro, llamada Las reliquias de la muerte y que desde mi humilde perspectiva, se convierte en un filme de transición entre El príncipe mestizo y el final de la saga.
Primero, sé que debo verla nuevamente y en inglés, porque como me pude percatar, hay muchos giros que se pierden; por tanto, arranco con esa recomendación: vayan a un teatro que la presente en inglés.
Continuaría por decir que no es para niños. Si van pensando que es una peli de domingo con los sobrinos y muchas crispetas y situaciones disparatadas, se van a llevar un chasco. Por el contrario, los directores de las últimas tres filmaciones se han ido acogiendo a un formato un poco más oscuro y menos "infantil", dejando a un lado el lado alegre de la heptalogia.
Como era de esperarse, Harry vuelve a sentir esa insondable soledad del líder que acumula pérdidas en ese camino hacia el éxito. Su sino solitario se acentúa, aunque también se marca claramente su dependencia de sus infaltables amigos: Hermione y Ron. Y se va desenredando aún más el ovillo del amor entre estos dos últimos personajes. No puedo decir en qué termina la historia, porque dañaría el momentum para algunos fanáticos, pero me gusta cómo ha ido mostrándose más la tensión del amor juvenil entre los dos, que se aman desaforadamente y ninguno de los dos da el brazo a torcer… aunque es Ron quien va tomando la iniciativa y se ve muy bien en algunas escenas.
Notable la ausencia de algunos caracteres como Neville y otros compañeros de aventuras, pero ya tendrán su lugar nuevamente. Aunque ocurren algunos desafortunados incidentes, la lucha es al estilo de las historias universales: pronto se verá todo lo que el bien debe sacrificar para que el mal no se imponga. Y se verán aún más pérdidas en el mundo mágico, algunas de ellas mucho más trágicas que las previas.
Finalmente, el ritmo de la película no es homogéneo. Por momentos, sube la velocidad y hay secuencias de acción, persecuciones, peleas y combates. En otros, el teatro se sume en los paisajes y silencios necesarios previos a la tormenta que se desatará en el capítulo final.
No es la mejor de la serie, pero no es un bodrio. Para un enamorado de la saga, se mantiene casi fiel al libro y deja a la imaginación muchas cosas. Espero con ansias junio 2011.

martes, 16 de noviembre de 2010

De Willie Colón y otros monstruos


Anoche estaba viendo el reinado de belleza en RCN. Algo inusual en mí, pero como estoy enfermo, también es válido asomarse por un rato a la farsa nacional que prioriza lo superficial sobre lo esencial, lo real sobre lo artificial.
No se embolaten, como decimos en la costa; no soy ningún resentido ni nada por el estilo. De hecho, estuve en la apertura del reinado llevando a mi sobrino a que fuera edecán de las reinas en el desfile para la sociedad portuaria. 
Sucede que no creo que sea un evento que deba priorizarse en la agenda noticiosa descuidando la información sobre otras noticias más que pertinentes a la realidad del país, tales como la estación (ya debe llamarse así) lluviosa que atravesamos y las consecuencias que esto ha traído para casi dos millones de colombianos en toda la nación.
Realmente mi intención no es escribir sobre el reinado ni la realidad del país. Mi entrada tiene que ver directamente con el genio, talento, llámenlo como quieran, del gran Willie Colón (fue uno de los cantantes de la noche de coronación) y lo inmortales que son algunas de sus canciones y del por qué son maravillosas, desde mi humilde perspectiva.
Si, ya sé que fue un desperdicio de casi media página haber hablado de la dicotomía existente en la TV y las prioridades de la agenda mediática, pero qué le vamos a hacer, aquí en Colombia vivimos desperdiciando nuestro tiempo, hablando de huevonadas. 
Antes de perder el hilo nuevamente, me quiero referir a la estructura narrativa de algunas canciones del maestro Willie. Tomemos como ejemplo la canción Idilio, y veremos una carta de amor hecha canción (como regularmente pasa con muchos éxitos):


Solo me alienta el deseo divino de hacerte mía
Más me destruye la incertidumbre que estoy pasando
Es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría
Y se me agota ya la paciencia por ti esperando.

Esta primera estrofa es de una perfección asombrosa: el tipo le dice: ey! Me tienes esperando aquí, sin más, me estoy volviendo viejo, ¿y tú como si nada? Sin embargo, en la parte siguiente, vuelve la esperanza profunda:


Que a besos yo te levante al rayar el día
Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche

Y cuando venga la aurora llena de goce

Se junten en una sola tu alma y la mía.


Wooow! ¿Quién necesita el porno? El tipo la tiene clara: desde la mañana hasta el amanecer y continúa la jornada, amándola. Pero en realidad, está en su mente, porque el tipo vuelve y le dice:
Soñando, contigo, queriendo, que se cumpla nuestro idilio

A veces me voy a un rincón y me quedo en el vacío

Sufriendo por ti amor mío te llama mi corazón

Soñando, contigo, queriendo, que se cumpla nuestro idilio


Para mí, es la carta de amor del que no espera nada, pero sueña con todo. Desde la estructura lírica, es un clásico. A eso le sumamos, nada más y nada menos que una cadencia musical impresionante, un ritmo desarrollado para que no despegarse, para ser escuchada como una historia de amor, ¡como si fuera la nuestra!
Sin embargo, debo admitir que lo que estoy escribiendo, quizá algún otro lo vio antes que yo o lo describe con mayor maestría. Lo que honestamente quiero es compartir con ustedes algo que me maravilla profundamente y que en estos días me ha tenido muy extasiado.
¡Gracias por compartir conmigo!

lunes, 8 de noviembre de 2010

Bourdain y otros locos

El sábado 6 de noviembre leí en El Universal de Cartagena, una entrada del blog de Luz Manosalva Méndez sobre comida en el mercado de Bazurto. Aunque bienintencionado, se queda en algunos lugares comunes de la típica estructura incertidumbre – descubrimiento – recomendación; sin embargo, no deja de ser gratificante que los jóvenes vuelquen su mirada hacia esta parte de la ciudad nodiscoverytravelandadventure. De igual forma, hoy en la mañana vi un programa de 2009 de Anthony Bourdain sobre su visita en abril del mismo año a Bangkok y cavilé algunos cuestionamientos pertinentes sobre esta nueva clase de "lonely planet recomendations":

  • ¿Llegará el día en que se deje de promocionar el turismo de hotel, playa blanca y cero vendedores?
  • ¿Por qué los "paquetes turísticos" generalmente obvian la comida callejera y dejan de lado situaciones típicas de la vida cotidiana de las ciudades?
  • ¿Quién decide qué se muestra y qué no sobre una ciudad, digamos, como Cartagena?

Algunos dirán que estoy haciendo preguntas muy obvias, pero observando la tendencia mundial sobre turismo de calle, parecería que existe un marcado número de turistas que están cambiando los planes "todo incluído" por otros en los que realmente salgan a caminar las ciudades y pueblos a los que van. Y no estamos hablando de estudiantes y mochileros que recorren el mundo a punta de auto-stop. Me refiero a personas con poder adquisitivo que quieren conocer la Nueva York del Bronx o Harlem, o los que viajan a Buenos Aires y se van a San Telmo, en vez de preferir ir a la Casa Rosada, o aquellos que vienen a Cartagena y descubren un Bazurto gastronómico o una Punta Arena a punta de Costeñitas en vez de un Santa Clara exclusivo y muy parecido a cualquier Sofitel francés, en los que la comida es hecha por expertos chefs que poco o nada tienen que ver con la comida local.

He ahí el título de este post. En mi poca experiencia, he visto que muchas personas tildadas como locas en un momento de sus vidas, terminando siendo pioneros de movimientos reformistas o impulsores de tendencias que cambiaron la forma de ver el mundo. Quiero decir con esto que necesitamos más Bourdains, más Manosalvas, o Zimmerns (el de comidas exóticas); gente así, común y corriente mostrando realidades, más que imágenes distorsionadas de ciudades que nada más existen en catálogos turísticos.